R.D. del Congo-Lubumbashi: Anécdotas de un sacerdote del Opus Dei, Capellán del Instituto Superior de Pedagogía ISP

Un sacerdote de la Prelatura Opus Dei, llamado Mario Vecilla, tiene 72 años, es arquitecto, nacido en un pueblo de Zamora llamado Villanueva de los Corchos, inundado por un pantano. Ahora vive en Lubumbashi la capital de Katanga, una región de la R.D. del Congo. Atiende la Capellanía del Instituto Superior Pedagógico –ISP-.


Confirmación de 17 estudiantes: El mes de julio ha empezado muy bien. El 4 hemos festejado la llegada, a esta hermosa ciudad, de D. Federico y del ingeniero Floribert. Ese mismo día, Mons Moto, uno de los vicarios de esta archidiócesis, vino para Confirmar a un grupo de estudiantes: 13 del ISP y 4 de Tabora (El Centro del Opus Dei en Lubumbashi)La ceremonia tuvo lugar en la parroquia de Santa Isabel, que en otros tiempos era la capilla del ISP. Ahora es una nueva parroquia y esta separada de nuestro jardín por un sólido muro. Concelebré con el Vicario, que pronunció un largo sermón animando a los confirmandos a dar un buen testimonio cristiano en todo momento y en todos los sitios. Según los entendidos, la coral del ISP cantó mucho y bien. También cantó en latín. Nuestro Floribert fue el padrino de los mozos de Tabora y el Profesor Palafini lo fue de los estudiantes del ISP.


                    El Profesor Palafini es uno de los primeros profesores del ISP y es muy querido de todos. Quise saber de dónde le viene ese apellido que parece italiano, así que se lo pregunté y él me contó la historia de su apellido: “mi padre, y toda la familia, vivía muy cerca de la frontera con Zambia. Para ganar un poco más de dinero, iba con frecuencia al país vecino para comprar petróleo y venderlo en nuestro pueblo. En Zambia al petróleo lo llaman “parafini”, y mi padre era conocido en la zona como el señor “Palafini”, ya que en el Congo se prefiere la “l” a la “r”. Cuando nací, mi padre me dio su mote como apellido, ya que me parece a mí que le fue muy bien con la venta de petróleo. Y esta es toda la historia”. A pesar de sus 80 años, y de que es un fumador empedernido, el Profesor Palafini tiene todo su pelo y todavía negro, de lo que está muy orgulloso. Me metí con él diciéndole que se tiñe el pelo, pero enseguida me dijo: “nada de eso, es el Buen Dios que lo ha querido”. 

Este Profesor, en sus años mozos, siguió en la Universidad de Navarra de  Pamplona unos cursillos durante 6 meses.Por eso, cada vez que me ve, suelta todas las palabras castellanas que están aún en su cabeza. Efectivamente, en el 1961 fue a Pamplona con un grupo de katangueses que debían trabajar para el gobierno de Katanga independiente. Como bien sabes, lo que estaba previsto no llego a ser realidad, y casi todos esos mozos, a su vuelta al Congo, fueron directamente al calabozo. El Profesor Palafini tuvo la prudencia de no volver al país. Se fue a Friburgo, en donde se quedó varios años haciendo interminables estudios de pedagogía. Cuando volvió al país, lo hizo ya como un prestigioso profesor y los hombres de Mobutu apenas lo molestaron. Guarda un buen recuerdo de Pamplona, y cuando le dije que he vivido en esa ciudad 18 largos años, exclamó muy contento: “desde ahora, Vd. será mi hermano menor”.  

               Una chica, que es futbolista, karateka y árbitro internacional de fútbol quiere ser católica: En el Instituto Superior de Pedagogía ISP tenemos también la opción deportes, pero no hay mucha gente que sueñe con ser profesor de deportes.
En primer año, entre un reducido grupo de chicos, no hay más que una chica, que es futbolista y karateka. A pesar de que tiene solo 20 años, es ya árbitro internacional de fútbol, aunque por el momento no ha arbitrado más que encuentros locales. Este año, en la lista de los mejores árbitros del Congo, está en tercer lugar. Pues bien, esta chica, que es de familia protestante me ha dicho que quiere ser católica. Entre las cosas que le atraen de le Iglesia Católica está el hecho de que: “Vds. tienen oraciones muy breves, que se pueden rezar incluso jugando al fútbol”.

                El 18 de julio: En la mañana de este día, que en otros tiempos se festejaba patrióticamente en un país de la querida Europa, el Secretario General Administrativo del ISP me llamo a su despacho para decirme: “el Jefe del Patrimonio llegará de un momento al otro con la llaves de vuestro despacho”. Esperando que llegara este señor, hablamos un poco de su vida. Me dijo que tenía una gran admiración por San Juan Pablo II y que leía todo lo que sobre él se publicaba. Sobre su mesa tenía el último libro publicado en Francia sobre este Santo y el escrito por André Frossard. Las llaves llegaron, y nos fuimos a mi flamante despacho, abrió la puerta y me dio los 4 ejemplares de la llave diciendo: “aquí tiene Vd. su despacho. Aún no está completamente terminado, pero ya puede utilizarlo. Aquí tiene su sillón, su mesa y le traerán dos sillas para que pueda recibir a la gente”. Me parece a mí, que el despacho lo utilizaré cuando llueva, ya que cuando hace buen tiempo el jardín es de lo más agradable, y sobre todo útil, pues facilita enormemente el contacto con los estudiantes, empleados y profesores.

           Anécdotas del jardín botánico del ISP: Normalmente rezo el Ángelus con algunos de los estudiantes que estudian o descansan en ese jardín, que por el momento es mi despacho. El ‘Jefe del Patrimonio del ISP’, me dijo hace unos días que el 80 % de mi despacho está ya terminado. Pues bien, rezando el Ángelus con tres estudiantes, que nunca lo habían rezado, puse en sus manos el folleto de oraciones del cristiano, diciéndoles: yo digo “V” y vosotros decís “R”. ¡OK! L’Ange du Seigneur apporta l’annonce à Marie. Los tres, a coro, respondieron : « R ! »

          Otra: Llevo siempre conmigo una encíclica del Papa Francisco. Hablando con los estudiantes les pregunto si han leído alguna encíclica de uno de los últimos Papas. Normalmente dicen que no. Les digo entonces, que el Papa escribe también para ellos y les hago leer la dedicación que dice: ‘a los obispos, a los sacerdotes y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fieles laicos’. Unos cuantos, después de leer esto dicen: “ ¡pues esto no es para mí, ya que yo no soy un fiel laico, yo no soy más que un cristiano ordinario!” Algunos dicen “un simple fiel”.

La Cúpula: Hay en el jardín del ISP un minúsculo observatorio astronómico, ya que al P. Godenir le gustaba mucho observar las estrellas. El jefe del patrimonio del ISP quiso que lo visitáramos juntos para ver si podía servir como capilla. En estos momentos es un almacén, en el que hay una veintena de botellas de hidrógeno, que nadie sabe cómo llegaron allí. Una escalerita conduce al piso superior en el que hay un trozo de lo que en su día fue un telescopio. La cúpula metálica, que da nombre al edificio, tiene una abertura larga y estrecha por la que, en su tiempo, se asomaba el telescopio. En estos momentos, está completamente cerrada.

Los cambistas: También en esta ciudad hay cambista en cada esquina. Además de cambiar dinero también venden créditos para el teléfono y “megas” para INTERNET. En mi camino para ir al ISP hay 5 cambistas, que son casi siempre estudiantes que intentan ganar un poco de dinero para pagar sus estudios. Los saludo cada día y, de vez en cuando, me paro un poco para charlar con uno o con otro. Hace algún tiempo, uno de esos cambistas, que es católico, me dijo: “he decidido darle a Vd “los diezmos” que cada semana doy a la parroquia. Si Vd esta de acuerdo, cada domingo, le envío a su teléfono “los diezmos” transformados en unidades”. Pues me parece formidable, le dije, yo te autorizo; Como es un mozo muy generoso, tengo que decirle de vez en cuando: esta semana, te dispenso de “los diezmos”.

El Padre Godenir, mi primo: Hace unos días, mientras estaba mirando la estatua del famoso Padre, un estudiante se me acerca y me dice: “me gustaría saber si el P.Godenir es de su familia, vuestro primo por ejemplo”. Le contesté diciéndole que no somos ni siquiera de la misma tribu Uno de mis amigos me ha dicho que en el ISP no pocos piensan que soy yo el promotor de la estatua del famoso Padre. Como no tengo nada que ver en este asunto, quise saber la verdad de la estatua. Ahí te va, la historia de esta estatua: El equipo que dirige actualmente el ISP, heredó del equipo precedente un dossier en el que se había previsto erigir un busto del inolvidable P. Godenir. Este proyecto no fue completamente realizado. Se hizo el pedestal en el jardín, muy digno, pero el busto no fue nunca encargado. Los nuevos dirigentes, queriendo hacer más y mejor que sus predecesores, pensaron que el Padre merecía una estatua como Dios manda, lo que se decidió el curso pasado, se realizó ahora. La estatua, en vez de ponerla en el jardín, sobre el antiguo pedestal, se ha instalado a la entrada del ISP sobre un nuevo pedestal, para que todo el mundo pueda verla y admirarla. Y aquí tienes, por lo menos una parte de la historia.


Para terminar con una sonrisa, una pequeña anécdota: Por estas tierras,  no se ven muchos mozos llevando un pendiente en la oreja, por eso esta anécdota que te voy a contar tiene su gracia: Un día durante el desayuno un pequeño anillo de plástico apareció sobre la mesa. Como estaba abierto, pude ponérmelo fácilmente en una oreja y le dije al Ingeniero Floribert: “Mira Flori, con algo así tu podrías ir a la moda. Te animo a comprarte uno, pero que sea  de oro y no de plástico como este”.


Se me olvidó quitar el pendiente improvisado de la oreja y salí para el ISP con él puesto. Como cada día, charlé un poco con los 5 vendedores de unidades para el teléfono y de megabytes que se encuentran en mi recorrido matinal. Ninguno me dijo nada ni mostró la más mínima extrañeza. Un vez en el ISP, atravesé todo el jardín, saludando a unos y a otros para ir a abrir la capilla, nadie me dijo nada.  Volví al edificio de la entrada, ya que quería ver al Secretario General Administrativo. Me recibió su secretaria y mirándome como si viera un fantasma me dijo: pero señor cura…¿Qué es lo que lleva en la oreja derecha? Me toco, y me encuentro con el dichoso pendiente. No sabiendo qué responder, me quité el pendiente sin decir nada. Después le di las gracias a esta buena mujer por haber impedido que me presentase delante de una  autoridad académica con un pendiente en la oreja.

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