R.D. del Congo- Lubumbashi: Anécdotas apostólicas simpáticas y otras curiosidades del Congo, contadas por un sacerdote del Opus Dei


Este es un sacerdote de la Prelatura Opus Dei, llamado Mario Vecilla, de 72 años, arquitecto, y nacido en un pueblo de Zamora llamado Villanueva de los Corchos, inundado por un pantano. Ahora vive en Lubumbashi la capital de Katanga una región de la R.D. del Congo, en donde entre otras cosas, es el Capellán del ISP: Instituto Superior Pedagógico con más de 800 alumnos.


La conversión de un musulmán:  Como ya te he dicho varias veces, charlo con la gente del ISP utilizando uno de los numerosos bancos que hay en nuestro jardín botánico. Terminaba de charlar con un “boulé”, es decir con uno de los nuevos estudiantes, cuando un señor, que estaba en el mismo banco me dice: “A mí me gustaría también hablar con Vd.” Le escucho. “Me gustaría saber si es verdad que los dos ladrones crucificados con Nuestro Señor no eran dos ladrones sino dos soldados, y en concreto los dos soldados que dejaron pasar a la Sagrada Familia la frontera con Egipto, y que por eso fueron condenados a muerte y ejecutados con Cristo 33 años más tarde”. Después de reponerme de esta pregunta tan curiosa como inesperada, le dije que a mi parecer, no. 

Guardar en prisión dos soldados durante 33 largos años, me parece excesivo. “Pues le aseguro que he leído eso en un libro”. Los novelistas tienen, casi todos, una portentosa imaginación, y cuentan cosas increíbles. Mientras que él ponía cara de decepción, le pregunté lo que siempre pregunto antes de empezar el diálogo: ¿Tú eres cristiano o musulmán? “Nací   en una familia musulmana, y por lo tanto yo era musulmán: pero desde hace 2 años soy católico, y si Vd. quiere le puedo contar mi vida”. ¡Me agradaría mucho escucharle! “Tengo ya 65 años. Al terminar mis estudios universitarios viajé por todos los países musulmanes del mundo, haciendo todo tipo de negocios, incluso el de traficante de oro y diamantes. Cansado del mundo de los negocios, volví a Katanga, y aquí encontré una buena chica con la que me casé. Esta chica era católica y me ha dado 8 hijos, que están desparramados por el mundo”. Lo paré un poco para preguntarle: ¿Cómo una chica católica puede enamorarse de un musulmán, que encima es más bien feo?  “¡Musulmán sí, pero feo no! Ahora, verdad es que ya no soy guapo, pero en aquella época le aseguro que yo ero un verdadero Apolo. - Si tú lo dices, tendré que creerlo.

Desde que nos casamos, mi mujer me ayudó a leer el Nuevo Testamento. Me hablaba mucho de Cristo y de la Fe Cristiana. Me animaba a hablar con Jesús, a rezarle. La admirable  perseverancia de mi mujer, y sobre todos sus oraciones por mí, terminaron dando el buen fruto de mi conversión”.
Teniendo en cuenta, que por ahí los hijos de Mahoma son numerosos, ya sabes lo que tienes que hacer: ¡Tratarlos diariamente y rezar por ellos todos los días durante por lo menos 30 años!


Si lo que te he contado te desanima profundamente, para evitarlo, te relataré otra conversión, esta vez rápida: Cuando llueve, hablo con los estudiantes en un pasillo cubierto al que dan sólo dos clases. Hace unos días vi venir por ese pasillo a un mozo con una barba incipiente. Le dije que se sentara a mi lado unos minutos. Sin más le pregunté si su barba era  cristiana o musulmana. Ahí te va, su respuesta, que me parece es muy reconfortante: “Esta barba es musulmana, pero está a punto de volverse cristiana” ¡No me digas! Cuéntame cómo se produjo este milagro. “Gracias a mis amigos católicos, conocí la vida cristiana, y gracias a ellos he decidido hacerme cristiano lo más pronto posible”. ¿Y qué  has pensado hacer para llegar a ser un día católico? “A decir verdad, no sé exactamente lo que tengo que hacer” ¡Que suerte tienes bandido! Delante de ti tienes  el hombre que te hace falta, el que puede prepárate para recibir el Bautismo y los otros Sacramentos de la iniciación cristiana: la Confirmación y la Eucaristía antes de que termine el año académico. Un poco desconcertado, me miró fijamente durante un rato, y luego dijo simplemente: “OK”.


Las ranitas negras con las patas rojas: Desde que empezó la estación de lluvias, en todos los jardines de esta ciudad han aparecido  miles y miles de esas ranitas, que cuando anochece empiezan a cantar. El ruido que hacen se puede transcribir por: ¡KUIK, KUIK! Al principio, este canto resultaba incluso simpático, pero un mes después comienza a fastidiarte. Qué verdad es eso que se suele decir: `un poco agrada, un mucho enfada´. He intentado ver esos animalitos tan numerosos en nuestro jardín. No hay manera. Cuando te acercas al lugar de donde viene el ¡KUIK, KUIK! La rana se calla, y me parece que incluso se esconde. He preguntado a los jardineros que encuentro en mis desplazamientos a pie como son esos animales. Todo el mundo los oye, pero nadie los ha visto. Un jardinero me dijo: “Parece ser que esas ranas son pequeñitas y de color negro”. Otro me decía: “He oído decir que esas ranas tienen las patas rojas”. Ahí tienes, todo lo que puedo decir de esos animales, que todos llaman ranas, y que son tan educadas, ya que pudiendo rompernos el tímpano día y noche, no lo hace más que por la noche.


Claudio  una vez más con los pigmeos: Claudio nos contó algunas cosas de su última visita a los pigmeos, que se encuentran en el centro-este del país. Nos decía que esos señores de talla pequeña son muy independientes y autónomos desde pequeños. Por ejemplo, cuando un muchacho tiene hambre no pide a su padre o a su madre que le den de comer. Él mismo coge su arco, sus flechas y su machete y se va a la selva a buscar su almuerzo. Tienes que saber, que los pigmeos no comen ni pescado ni legumbres, solamente carne. Cuando el muchacho ha cazado un pájaro, un mono, un agutí, u otro animal, vuelve a su casa y él se lo guisa y él se lo come.

Claudio es el representante de una ONG que tiene un programa de ayuda sanitaria a un grupo de pigmeos que un misionero italiano intenta servir lo mejor que puede, y hace lo imposible para acercarlos a la Fe Cristiana. Ese misionero le decía a Claudio que hay que tener cuidado con los medicamentos que se les dan a los pigmeos, ya que éstos tienen la mala costumbre de repartirlos entre sus amigos. Claudio nos contó un suceso del que se hablaba mucho en los días que él estuvo allí. Ahí te va, una historia un tanto extraña: Uno de los jefes tradicionales de los pigmeos falleció. Su hija mayor debería heredar el puesto de jefe, pero los notables de la tribu habían previsto ya otro jefe, y así se lo hicieron saber a la hija mayor del jefe muerto. La legítima heredera se enfadó terriblemente y juró que se vengaría. Para eso, esta mujer, utilizando los poderes mágicos que todos los hijos de un jefe tienen, se transformó en elefante, en un elefante furioso que destrozaba todo lo que encontraba y sembraba el terror por toda la región. Este paquidermo se ponía en las pistas grandes, paraba los coches y les daba la vuelta. Los militares decidieron matarlo. Tiraron sobre él con armas de guerra, e incluso con lanza-granadas, pero no consiguieron hacerle nada. Los pigmeos fueron a decirles a los militares: “Vds. pierden el tiempo, no conseguirán nunca matar a este animal. Solo nosotros podemos acabar con él. Efectivamente,  los pigmeos, con sus armas tradicionales, se fueron a por él. Cuando lo encontraron, lanzaron sobre él  unas cuantas flechas y lanzas fabricadas “ad hoc”. El elefante herido, salió corriendo. Los pigmeos lo siguen a distancia hasta que lo ven caer. Cuando se acercan al animal, en vez de un elefante muerto encuentran muerta a la hija mayor del jefe difunto.

          Los okapis masacrados. Como tú bien sabes, aquí en la RDC podemos presumir de muchas cosas. Entre otras de ser el único país del mundo en el que hay okapis, este animal parecido a la cebra y de la familia de las jirafas. Pues bien, este herbívoro ha estado a punto de desaparecer de la RDC, y por tanto  del planeta. El asunto no está aún claro. Se cuenta que un señor muy enfadado juró matar todos los okapis, y a punto ha estado de conseguirlo. Los okapis son uno de los animales más protegidos. En el territorio en que viven, está terminantemente prohibido buscar diamantes, oro, “coltan” y otros productos. Parece ser que las personas que se ocupan de proteger a estos míticos animales están muy bien pagadas.

Algunos dicen que uno de los guardianes de los okapis que fue expulsado de su trabajo, para vengarse de haber perdido su buen salario decidió liquidar a todos esos animales. Otros piensan que han sido los buscadores de materias preciosas los causantes de esta fechoría, para poder escarbar en esta prestigiosa reserva que acoge los okapis.

                Happy new year: Hace poco tiempo, mientras volvía a casa andando, un coche se para a mi lado. El conductor, que tenía pinta de pakistaní me invita a montar. Antes de decirle: "no gracias, estoy haciendo mi marcha cotidiana". Le saludé diciendo el "assalaam anlaykum". Su mujer, que estaba en el asiento posterior con sus dos niños, me dice, mientras hacía el signo de la Cruz varias veces: “No somos musulmanes, somos cristianos y católicos. Somos de la India, y en concreto de Bombay”. Me invitaron a ir a su casa, para bendecirla, y allí fui. Como a la entrada de la casa había un bonito cartel que decía: “Happy new year”, les saludé diciendo en voz alta lo que estaba escrito, en vez de  decir: “Feliz Año Nuevo” o “mwaka mupia muzuri”. Así que los dos empezaron a hablarme en inglés. Viendo que yo ponía cara de no comprender nada, se pararon. La señora me preguntó si yo hablaba inglés. A punto estuve de decir lo que Lola Flores dijo cuándo le hicieron la misma pregunta: “¡Que Dios no lo permita!”. Pero me disculpé diciéndoles que había estudiado su lengua en la universidad, pero que al no practicarla la olvidé. Una vez la casa bendecida, me ofrecieron unos dulces indios y té picante, es decir con “tangagwisi”. Me contaron que viven en Lubumbashi desde hace 9 años, y que tienen una fábrica de cosméticos. La señora me dio una bolsa de esos dulces, que ella misma prepara, para  llevarlos a casa. Hay que decir, que a todos les gustaron mucho. Son los primeros indios que trato en toda mi vida, y por esta razón, te hablo de ellos.
  

Okapi: el animal mitad cebra mitad jirafa.

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