R.D. del Congo - Lubumbashi: Historias simpáticas de un sacerdote del Opus Dei, en la Clínica Universitaria


Un sacerdote de la Prelatura Opus Dei, llamado Mario Vecilla, que tiene 72 años, es arquitecto, y nacido en un pueblo de Zamora llamado Villanueva de los Corchos, inundado por un pantano. Ahora vive en Lubumbashi la capital de Katanga, una región de la R.D. del Congo, y sustituye  -por año sabático- al  Capellán titular de la Clínica Universitaria de Lubumbashi. Pero sigue atendiendo el Instituto Superior Pedagógico –ISP-, del cual es el capellán.

Tres estudiantes con bata blanca: En la Clínica Universitaria encontré a mi viejo amigo el Dr. Kialikia y algunos otros médicos y enfermeras, que al verme decían: ¡“qué alegría que esté de nuevo por aquí”! Pero muchos de mis amigos de la época ya no están aquí. Unos se fueron a los hospitales privados, otros se largaron a Sudáfrica, y el resto tienen sus consultas propias y no vienen a la Clínica Universitaria  mas que una vez por semana. Estando allí, tres estudiantes con bata blanca se me acercaron. Uno de ellos quería algún consejo para hacer mejor la oración, otro quiso confesarse, y el tercero, no católico, me preguntó qué es lo que tenía que hacer para llegar a serlo lo antes posible.

Una capilla dedicada a Santa RitaPregunté por el Capellán de la CU, el Padre Alfonso, pero no estaba allí. Quería felicitarlo por haber conseguido instalar una capilla en la CU, dedicada a Santa Rita, para poder dar la Comunión a los enfermos más fácilmente. Unos días más tarde, el Padre Alfonso vino a verme a casa, para decirme: “En uno de estos días salgo para Francia para hacer un curso de formación sobre ‘la pastoral de la salud’. Encontré ya algunos sacerdotes para decir la Misa dominical, pero nadie quiere ocuparse de los enfermos durante mi ausencia. Le pido que encuentre un poco de tiempo para pasar a la CU aunque no sea más que de vez en cuando”.

La boa: Un domingo por la tarde fui a la Clínica Universitaria para ocuparme de los enfermos y de los que intentan curarlos. En una de las habitaciones del pabellón de medicina interna, me encontré con un pariente de uno de los enfermos que estaba comiendo algo que despedía un olorcillo de lo más agradable. ¿Qué come usted? “Estoy comiendo un trozo de serpiente”: El año pasado, comí un buen trozo de serpiente, de víbora para ser más exacto. “Pero lo que yo como no es una serpiente cualquiera, es una boa, la serpiente más sabrosa”. ¿Dónde la cazó usted? “Yo no soy un cazador de serpientes, la carne de boa se puede comprar fácilmente en el mercado”. Si usted me permite, desearía probar por primera vez la boa. “Adelante, puede usted comer todo lo que quiera, o mejor dicho, todo lo que queda”. Tomé un trocito y, lo encontré pero que muy sabroso.

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Mataron en nuestra ciudad a 21 sacerdotes: Un sacerdote de Kongolo ha estado hospitalizado durante varias semanas en la CUL. Ahí te va, lo que me contó: “nací en el año 1962, en el que las tropas ‘mulelistas’ mataron en nuestra ciudad a 21 sacerdotes. Solamente uno escapó a esta masacre. Mulele era un verdadero marxista, y por eso el clero era el primer enemigo. Tenemos a esos 21 como verdaderos mártires, y una vez más se cumple el dicho: ‘la sangre de los mártires es semilla de cristianos’. Después de este trágico suceso, el número de católicos no hace más que aumentar. Además, las vocaciones sacerdotales son cada día más numerosas en nuestra diócesis.
Hablando de curas, te hago saber que D. Federico asistió por segunda vez a las ordenaciones sacerdotales de la Archidiócesis de Lubumbashi. Esta vez fueron ordenados 33 nuevos sacerdotes. La ceremonia, que duro 4 horas y media, tuvo lugar en la gran plaza que hay delante de la Catedral. Como es lógico, todo el mundo estaba muy contento.

Una historia de amor: El reducido restaurante de la Clínica Universitaria ha sido restaurado y, ahora, esta muy digno y muy limpio. La responsable es una musulmana que se viste con una túnica negra de la garganta a los pies, y lleva siempre el velo reglamentario. En frente a este restaurante se encuentra la sala en la que los cirujanos trabajan, estudian o descansan. Para hablar con ellos los llevo al restaurante. Como no consumimos nada, me sentí obligado a excusarme. La musulmana me dijo: “Vd será siempre bien venido aquí. Vd me honra con su presencia”. Unos días más tarde, quise hablar un poco con ella, y de este modo conocí su historia, que paso, a contarte: “soy católica, como toda mi familia. En la universidad conocí a un musulmán y me enamoré de él. Nos casamos y el Buen Dios nos dio 5 hijos. Por respeto hacia mi marido, pensé que debería vestirme como las mujeres musulmanas, y así   lo hice desde que nos casamos. También me pareció conveniente acompañarle a la mezquita todos los viernes, cosa que hice. Pasamos juntos 5 lustros maravillosos. Precisamente hoy se cumplen 5 años de su muerte y aún me visto de esta manera para honrar la memoria de mi esposo, pero yo soy católica”.
Charlamos largo y tendido sobre su condición de viuda, de madre de 5 hijos y, sobre todo de su vida cristiana.

El traficante de diamantes: Encontré en la Clínica Universitaria un hombre relativamente joven, con barbas, musulmán monógamo y padre de tres hijos. Como su enfermedad duró varias semanas, tuve ocasión de hablar con él largo y tendido, y no solamente de religión. Me contó muchas cosas de su apasionante y lucrativo oficio: Compra y vende todo tipo de piedras preciosas y semi preciosas, y no solamente de diamantes. Me hizo ver varias fotos de rubís, de esmeraldas, de diamantes y de otras piedras cuyo nombre no retuve. Me hizo saber que las piedras preciosas de calidad se compran y venden por quilates, (5 quilates equivalen a 1 gramo). pero las otras se trafican al peso: 20 o 30 dólares el gramo. Este hombre, a pesar de ser un intelectual, no había leído nunca ni siquiera un trocito del Nuevo Testamento. Uno de su vecinos de habitación tenia una Biblia, que puse en las manos de este musulmán, diciéndole: Lee el Evangelio de S. Lucas y encontrarás cosas maravillosas. Y se puso  inmediatamente a devorarlo.

Un hombre con la cabeza vendadaEl día de la Ascensión fui a ver a los enfermos de este prestigioso centro médico. Entrando en la zona de urgencias, en la primera cama, veo un hombre con la cabeza vendada. A su lado se encontraba una persona peinada con unas “mechas” muy largas y que me daba la espalda. Dije buenos días y le pregunté si el enfermo era su marido. La persona se vuelve, y era un hombre barbudo, que viendo mi desconcierto se echó a reír. Me disculpé lo mejor que pude y le pregunté si era deportista o artista. Ahí te va, su respuesta: “Soy deportista, y en concreto futbolista. Pero como con el fútbol, en este país, no se gana dinero soy también cambista. Estoy casado por la Iglesia y tengo ya tres hijos. Llevo esta mechas desde hace 11 años, con el solo inconveniente de que gasto una fortuna en champú”. Le pregunté si a su esposa le gustaban sus mechas, y me dijo: “le gustan un montón”. El enfermo era su amigo, y había sido herido por bala. A pesar del vendaje, el hospitalizado se encontraba en muy buena forma, y me contó su accidente: “Volvía a casa por la noche un poco tarde. Unos cuantos bandidos me rodearon y se tiraron sobre mí con un arma automática y tres balas rozaron mi cráneo, llevándose solamente la piel, sin tocar el hueso. Se puede decir con toda evidencia que estoy vivo porque Dios lo ha querido”. Como ves, los milagros existen, y ahí tienes uno no pequeño.


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