R.D. del Congo-Lubumbashi: Más anécdotas apostólicas y cosas curiosas que cuenta un sacerdote del Opus Dei


Este es un sacerdote de la Prelatura Opus Dei, llamado Mario Vecilla, de 72 años, arquitecto, y nacido en un pueblo de Zamora llamado Villanueva de los Corchos, inundado por un pantano. Ahora vive en Lubumbashi la capital de Katanga una región de la R.D. del Congo, en donde entre otras cosas, es el Capellán del ISP: Instituto Superior Pedagógico con más de 800 alumnos.


La honestidad recompensada: Con frecuencia encuentro en mi camino ese papá protestante cuyos hijos son todos católicos. Un día se empeñó en contarme cómo llego a ser rico, o casi rico: “Siendo joven fui empleado del Estado, y uno de mis encargos era pagar las facturas. Uno de nuestros proveedores, que era suizo alemán, me dijo un día que podíamos arreglar las facturas de tal modo que un porcentaje fuera a parar a mi bolsillo. Varias veces me hizo la misma propuesta, diciéndome que los empleados del Estado estaban muy mal pagados. Yo le decía que es mejor ser pobre pero honrado que rico y ladrón. Un día, este señor me invitó a comer en su casa. En esa época, que un negro comiese en casa de un blanco no era nada normal. Fui a su casa, comimos juntos y al terminar de comer me dijo: ‘estoy dispuesto a hacer de ti un gran hombre, un hombre rico’. Entre otras cosas, este suizo tenía un gran hotel aquí en Lubumbashi. Me enseñó el funcionamiento de un hotel desde la cocina hasta el aparcamiento y rápidamente me hizo gerente de este hotel. Me dio una formación completa y de todo lo que se refiere a la hostelería y a los restaurantes y en este mundo he vivido toda mi vida y en él conseguí hacer una pequeña fortuna.

D.Mario junto a tres alumnos del ISP, delante de la fachada principal del ISP.

Los beneficios de la marcha: Como ya te he dicho varias veces, en esta agradable ciudad se puede ir a casi todos los sitios a pie. Pues bien, un día iba yo a pie al ISP con mi paraguas en la mano, ya que el tiempo estaba lluvioso. En esto, un coche se para y de él sale un señor que conocí hace unas semanas, que me pregunto: “¿va Vd. al ISP a pie?” Pues sí, ya que así voy siempre. Mete la mano en el bolsillo, saca un billete muy plegado y me lo da diciendo: “tenga, para que pague el taxi”. Le di las gracias y guardé el billete. Cuando llegué al ISP, miro y veo que es un billete de 20.000 francos congoleses, el billete más grande en circulación. Hace algunos meses recibí un mensaje SMS que decía: “la marcha es el mejor medicamento”. Como tú misma puedes constatar, la marcha es no solo buena para el cuerpo, a veces lo es también para el bolsillo.

El miércoles de ceniza: Como cada año, estoy admirado del amor que los africanos tienen a las Cenizas Benditas. Por la mañana impuse las Cenizas a los estudiantes y profesores del ISP. Volviendo a casa, al atravesar el Bulevar Forrest, un estudiante vino corriendo para decirme: “¡yo no he recibido la Ceniza!” Saqué el tarro de la cartera y le impuse la Ceniza. En esto, un coche grande lleno de gente se para en seco. El conductor sale del coche y me pregunta: “¿Podemos nosotros recibir también la Ceniza?”

Por la tarde fui a la Clínica Universitaria para imponer la Ceniza a los enfermos y al personal médico. Al volver a casa, pasé delante de una terraza, en la que la gente tomaba el fresco y cerveza. Alguien gritó: “¿Le queda a Vd todavía Ceniza?” Pues claro que sí. Un buen grupo de personas vino para recibir la Ceniza. Uno de los que la había recibido me dijo: “Tengo en mi casa a mi hermana mayor, que está enferma. ¿Puede venir conmigo para que ella reciba también la Ceniza?” Pues no faltaba más. Montamos en su magnífico coche, llegamos a su casa y la enferma recibió su Ceniza. Estando en su casa, llamó por teléfono, colgó y me dijo: “El caso es que mi tía, que está muy mayor, me dice que no ha podido desplazarse hasta la parroquia para recibir la Ceniza: “¿Podría Vd acercarse hasta su casa, no vive muy lejos?” Para eso estamos. Su tía y un buen grupo de niños que había en la casa recibieron la Ceniza ya de noche.

El Jueves Santo: Durante mi primera estancia en esta hermosa ciudad, la Misa Crismal se tenía el Miércoles Santo a la 7 de la mañana, para que los curas que están lejos, en la selva, puedan volver a tiempo a sus parroquias y preparar los Oficios del Jueves Santo. Se ve que el tiempo previsto no es suficiente, ya que ahora la Misa Crismal se hace el Martes Santo a las 7. Todo estuvo muy bien organizado y a pesar de la larga homilía del Arzobispo, los numerosos cantos y la Comunión bajo las dos Especies de unos 400 sacerdotes, la ceremonia no duró más que 2 h 45. La Catedral estaba llena, sobre todo de mujeres, y había mucha gente fuera. Los curas recibimos tres fuertes aclamaciones: durante la procesión de entrada, al volver a la sacristía y a la salida de la Catedral. Siempre me emociona, ver al pueblo cristiano gritar, aplaudir, estrechar las manos y sobre todo mirar con mucho cariño a los curas. Qué alegría más grande.

El Jueves Santo por la tarde, me pareció que me encontraba entre los sacerdotes inactivos, es decir, esos que no tienen algo concreto que hacer en la ceremonia. Me equivoqué, ya que después de la Comunión el maestro de ceremonias nos dijo que nuestro quehacer era el de consumir el Sanguis que sobrara en los múltiples cálices utilizados en la Misa. Éramos tres, y cumplimos el encargo con gran placer espiritual e incluso físico.

El Viernes Santo, tuve el honor de dar la Comunión a los numerosos seminaristas que estaban presentes, todos con sus sotanas blancas. Ese día me tocó estar sentado frente al coro y, por primera vez en mi vida, vi una mama corista que cantaba y danzaba con un niño en sus brazos. El pequeño tendría unos 7 meses, y se le veía muy contento, como si disfrutara de los cantos litúrgicos. Al final de la ceremonia, que fue toda en swahili, el Arzobispo, ya en la gran sacristía, me preguntó si había comprendido algo. Hice un gesto que quería decir nada o casi nada.


Guerra en Congo: una chispa encendió el conflicto en Kasai

La guerra del Kasai: Como me desplazo casi siempre a pie, con frecuencia encuentro compañeros de marcha, con los que se puede charlar un poco. Un día, me encontré a un joven que es de esa región y le pregunté por la causa del conflicto armado de su tierra. Ahí te va,  lo que me contó: "cuando uno de los más importantes jefes tradicionales del Kasai murió, su sucesor no estaba bien visto por algunas de las autoridades. Como Vd. bien sabe, cuando uno de nuestros reyes muere, los pretendientes al trono son numerosos, y la elección de su sucesor es casi siempre problemática. Las autoridades que no aceptaron al sucesor digamos legítimo, nombraron otro dejando de lado al que el pueblo quería. El verdadero heredero se sublevó y cogió las armas. Los militares lo eliminaron, y sus partidarios, como venganza, y mataron a algunos soldados. Y ahí tiene ya la guerra organizada".

Guerra en Congo: un coche de UNICEF trata de cruzar un río

En mi camino habitual para ir al ISP, me encuentro con tres estudiantes que intentan ganar un poco de dinero vendiendo créditos para el teléfono. Cada día hablo un poco con estos mozos. Uno de ellos escucha la radio constantemente, por eso es mi fuente de informaciones. Según él, el conflicto del Kasai tiene en su base un problema xenófobo. Algunos de los autóctonos de esta región quieren expulsar a los “extranjeros”, es decir a todos los que no son de ese rincón del mundo. Como puedes darte cuenta, los orígenes de este conflicto son más bien complicados.

 Variegata bauhinia: En esta hermosa ciudad hay una enorme variedad de árboles. El que más me gusta es un árbol frondoso, que tiene unas hojas muy particulares, en forma de mariposa, y que da unas flores muy bonitas, que se parecen a las orquídeas, con cuatro pétalos iguales y uno más grande, con muchos colores. Estas flores tienen entre 5 y 10 cm de diámetro. Como el jardín del ISP es un jardín botánico, todos los árboles tienen clavado en el tronco su nombre científico, lo que me ha permitido conocer el nombre de mi árbol preferido: « variegata bauhinia ». A la sombra de este árbol, tengo mi despacho cuando hace buen tiempo.


Este jardín me ha permitido conocer el nombre científico del famoso « flamboyán », el árbol decorativo más frecuente en las ciudades del Congo. Se llama DELONIX REGIA. Este árbol tiene unas raíces muy poderosas, que salen a la superficie y destruyen todo lo que se encuentra en sus alrededores, es decir las aceras y las calles. El « delonix regia », como el almendro, echa las flores, de un rojo intenso, antes que las hojas, y en ese momento, cuando esta todo rojo, es un árbol pero que muy bonito.

Flamboyan

Cabrito asado: En mi camino habitual para ir a la Clínica Universitaria, hay una terraza muy frecuentada en la que se puede degustar el cabrito asado. La instalación es muy simple: tres muritos en forma de U sobre los que hay una plancha metálica llena de pequeños agujeros y calentada por un fuego de madera. Un señor gordo y con trenzas está constantemente cortando la carne de cabra en pequeños trozos, y lo hace con un machete enorme sobre una plancha de madera: “clac, clac, clac”. El ruido que hace se escucha desde lejos, me parece a mí que lo hace adrede para atraer a los clientes. Otro señor coge los trozos de carne, los sazona y los coloca sobre la plancha metálica. Un tercero lleva la carne asada a los fanáticos de la cabra, que la degustan casi siempre con una buena botella de cerveza. En los alrededores de esta terraza hay un olorcillo tal, que se te hace la boca agua. 

La meteorología Katangueña: Desde que llegué a esta simpática ciudad, el 3 de enero de 2017, hasta mediados de marzo, ha llovido todos los días menos uno. Normalmente llueve varias veces cada día. Como ves, en este rincón del mundo la llamada “estación de lluvias” hace honor a su nombre, lo cual es muy molesto para nosotros los andariegos. Los que van en coche, al verme, se paran y me invitan a montar diciendo: “Entre, que lo llevo a donde vaya”. Les digo que soy un deportista y que, en concreto, practico la marcha. Un día de lluvia, es decir un día cualquiera, un señor que llevaba sus niños a la escuela, se paró y me dijo: “Monte, que lo llevo a su casa”. Insistió tanto que acepté. Pensé que sería un ferviente católico, pero no, era un protestante.  Hablamos un poco del ecumenismo, es decir lo invité a hacerse católico lo antes posible. Me pareció que no puso mala cara. 

Cuando el sol sale, pica mucho; por eso los katangueses utilizan también el paraguas como sombrilla. Otro día, en el que el sol brillaba, un señor me dice: “monte en mi coche, que lo llevo hasta su casa”. No, muchas gracias, soy un fanático de la marcha. “Monte, que yo sé que es Vd un hombre muy ocupado y quisiera hablar con Vd durante el trayecto”. En ese caso vaya lentamente, que vivo cerca de aquí. “Yo soy cristiano y católico practicante, pero tengo un problema que me preocupa”. Un pequeño problema que se arregló, nunca mejor dicho, sobre la marcha.

Lo nunca visto: Un edificio ecológico o la palmera que atraviesa el tejado. En mi camino para ir a la Clínica Universitaria hay un edificio, casi terminado, con el tejado a dos aguas hecho con placas metálicas onduladas. Pues bien, una señora palmera saca su cabeza por el tejado como si fuera la chimenea. 

Explicación: En esta ciudad, los árboles están protegidos. Para talar uno de ellos hay que tener una autorización del ayuntamiento, que se encarga él mismo de cortarlo, pagando 100 dólares. Me han dicho que este edificio era para una “iglesia”, y que el predicador no consiguió el permiso para cortar una hermosa palmera de aceite que se encuentra en medio de la parcela. Ni corto ni perezoso, el arquitecto la integró en el edificio. Como ves, se resolvió el problema de manera admirable, original y muy ecológica.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

R.D. del Congo - Lubumbashi: Cómo un sacerdote, de la Prelatura Opus Dei, hace apostolado en cualquier circunstancia

El Colegio Retamar de Madrid ha organizado un campo de trabajo en Sudáfrica

Costa de Marfil - Centro Rural Ilomba: el necesario pulmón femenino de África